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Capillas en las fachadas

Aquellos visitantes que "se toman su tiempo" para pasear por Albalate, y recorren más a fondo sus calles, suelen bromear diciendo que somos el "pueblo de las hornacinas" o "el pueblo de los santos". Este "sobrenombre" puede parecer exagerado, teniendo en cuenta que en todos los pueblos de la comarca existen capillas de este tipo. Pero es cierto que, en cuanto a cantidad, puede que nuestro pueblo se lleve la palma. No hay más que contarlas:

San Antón, San Bartolomé, San Francisco, San Miguel, San Ramón, San Roque, La Virgen del Pilar, La Virgen de Arcos, La Virgen del Tremedal,...y alguna más que seguro se queda en el tintero, además de las hornacinas "sin santo" como las de la replaceta del Voluntario o las propias de la portada de la iglesia.

Esta tradición de abrir capillas en las fachadas -como la de las capillas "portátiles" que se pasan por turno de casa en casa- data como mínimo de finales del siglo XVII, y de esta época son las hornacinas más antiguas. No se puede decir lo mismo de las figuras que las ocupan - reproducciones más o menos fieles hechas en yeso o cerámica en los años 40 -, ya que los originales fueron destruidos durante la Guerra Civil.

Hay quien ha querido atribuirles mayor antigüedad y distintas connotaciones : Una primera teoría -indemostrable- dice que estas capillas ya existían en la Alta Edad Media, y que servían para "sacralizar" las distintas entradas de la muralla. Otra -no necesariamente incompatible con la anterior- dice que datan de finales de la Edad Media y comienzos de la Moderna, cuando la villa alcanzó un desarrollo urbano suficiente como para dividirse en barrios -cada uno de los cuales elegía un santo patrón en el que ampararse e identificarse-. (Al margen de su datación, este concepto del santo como "aglutinador social" pervive hoy en día en algunas celebraciones vecinales del "día del patrón", como San Antón o San Roque, por ejemplo).

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