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Pregoner@ Fiestas Patronales

Javier Lasmarias GargalloQueridos vecinos y vecinas.

Quién me iba a decir a mí que llegaría un día en el que pudiese saludaros desde aquí, con estas palabras, dirigiéndome a todos vosotros como Pregonero de las Fiestas. Sin duda, es el mayor honor y reconocimiento que puede recibir un albalatino de su pueblo, por eso todas las “gracias” que dé serán pocas para demostrar el orgullo y la alegría que siento con este nombramiento.

Ser pregonero también implica una responsabilidad muy grande. Llega el momento de saldar cuentas, de echar la vista atrás e intentar devolver al pueblo todo lo que me ha dado a lo largo de los años, que es mucho. Albalate es causa y efecto de lo que soy: lo que ahora me reconoce haciéndome pregonero no estaría ahí de no ser por él.

Incluso antes de aprender a hablar y poder pronunciarlo, y pese a los cientos de kilómetros que lo separan de Mollet Del Valles (Barcelona), ciudad en la que viví mi infancia y adolescencia; Albalate del Arzobispo siempre estuvo presente en mi vida, como algo intrínseco, natural. Y no solo gracias a mi familia. De entre todas las personas de las que podría haber empezado a aprender a cantar, el destino me llevó hasta una albalatina, Isabel Clavero, que impartía clases de canto en el centro aragonés de Mollet Del Valles.

Recuerdo los veranos y las fiestas que pasábamos en el pueblo, y las jotas que cantaba en la ronda… todo era tan diferente a la ciudad. ¡Cualquiera quería volver después para empezar el colegio! Ya con 19 años, me vine a vivir y a trabajar a Albalate. Entré a formar parte de ‘El Cachirulo’, donde más adelante llegaría a dar clases. A los pocos meses de instalarme me presenté a mi primer concurso de jota. Fue en Sariñena y conseguí un tercer premio.

A partir de entonces, han sido muchos los concursos, certámenes y festivales en los que he podido demostrar lo que supone para mí la jota aragonesa y en todos he sido y soy Javier Lasmarías, de Albalate del Arzobispo. Como algo insoluble, inseparable. Bueno, salvo para mi tío Ángel. Para él soy el ‘ruiseñor de la Churvilla’, la calle en la que vivimos.

Desde el escenario más grande al más pequeño, uno sube siempre con todo lo que es para dar todo lo que tiene. Albalate y mi gente siempre van conmigo. Este año, tengo la suerte de poder por fin afrontar uno de mis mayores sueños y retos: el premio Extraordinario del Certamen Oficial de Jota de Zaragoza. Espero pisar las tablas del auditorio sintiendo, como siempre, el cariño y apoyo de todos. Es algo que tampoco podré agradecer nunca lo suficiente.

Dentro del chaleco, llevaré mi talismán. Esto quizás lo sepáis pocos: siempre que actúo lo hago con una fotografía de mi abuelo Matías junto al pecho. En la familia siempre se ha hablado de la buena voz que él tenía. Desgraciadamente, nunca pude escucharle cantar…

¿Hasta qué punto son importantes las raíces para alguien? Yo pienso que es imprescindible saber de dónde se viene para tener claro dónde se quiere llegar. Y más valioso es todavía tener un sitio al que volver, un lugar en el que reconocerse y reencontrarse. Un hogar. Eso es Albalate para mí.

Precisamente, esa es la esencia de fechas tan especiales como las que llegan. Unos días de convivencia, de alegría, de unión y reunión de familias y amigos. Son días en los que tenemos que dejar los problemas que nos rodean a un lado y disfrutar todos juntos. Os invito a que llenéis las calles y plazas de nuestro pueblo como solo nosotros sabemos hacerlo. Porque no lo olvidéis: Albalate es nuestra tierra y nosotros quienes le damos vida.

¡Viva Albalate y sus fiestas!

Javier Lasmarías Gargallo

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